martes, 8 de mayo de 2012

Eivissenco



Sigo cayendo.
La casa se llama Lagartija, Sunset y Cactus dependiendo de la entrada. Es una casa típica payés, hay piscina y parque, las montañas se cruzan justo frente a cada ventana, las ventanas se abren frente a las recámaras, al costado de las recámaras, mirando las plantas y los perros, que se sueltan y son seis.
Realmente este rincón ibizenco son tres casas que se conectan, es invierno y vacías valen nada, Gime y yo vivimos en un cuarto y usamos tres baños, los que somos capaces de calentar. El resto es escaparate, pasás, te detenés un minuto en la nada, en un pensamiento, en un recuerdo o un deseo y luego seguís el camino del calor.
Estamos en lo alto de Can Tomas, en el pueblo de Sant Antoni de Portmaly –es necesario confirmar si “Can” se traduce “San” del castellano al ibizenco-  La isla está minada de pueblos y rotondas, Can Tomas esta a once quilómetros de Ibiza donde habitan los chicos que bailan, el ómnibus tiene calefacción y no te espera.
Jamás pensé en la literalidad de la frase “acomodar el cuerpo”, tiemblo y por momentos no sé si es de frío o si estoy intentando meterme dentro, como si mi yo fuera la carne y el cuerpo un guante que hay que tirar atrás para que el resto encaje dentro.
Corro y mis piernas son gelatinas y los caminos son de Almendros. Blancos y pelados los almendros dejan campos blancos al costado de la carretera. El Mediterráneo sube a tierra y es cien por ciento humedad.

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